Park Gyu-su, el intelectual que tendió un puente entre el reformismo práctico y la apertura de Corea

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Heredero de una tradición reformista
Park Gyu-su (1807-1877) fue uno de los estudiosos y funcionarios más influyentes de la etapa final de la dinastía Joseon. Nieto de Park Ji-won, figura central de la escuela Bukhak —una corriente que defendía aprender de los avances técnicos y económicos de la China Qing—, desarrolló una visión que conectó ese pensamiento práctico con las posteriores iniciativas de modernización de Corea.
Nacido en Seúl, recibió buena parte de su educación de su padre debido a las limitaciones económicas de la familia. Desde joven destacó por su formación en los clásicos confucianos y mantuvo una relación cercana con el príncipe heredero Hyomyeong, con quien discutía sobre el Libro de los Cambios y los asuntos de gobierno. Tras la muerte del príncipe y de sus padres, se retiró durante unos veinte años para estudiar y profundizar en la obra de su abuelo.
Sus intereses no se limitaron a los textos clásicos. Consultó mapas mundiales y materiales astronómicos procedentes de China para elaborar instrumentos cartográficos y mapas celestes, además de representaciones de las provincias de Gyeonggi y Pyongan. También dejó numerosas obras, pinturas y trabajos caligráficos, aunque gran parte de ese legado desapareció durante la guerra iniciada en 1950.
Un funcionario frente a rebeliones e incursiones extranjeras
Park ingresó en la administración en 1848 y ocupó numerosos cargos, entre ellos inspector real secreto, gobernador de Pyongan, responsable de la oficina de censura, ministro y consejero de Estado. Como inspector examinó las condiciones de vida de la población y sancionó a funcionarios corruptos.
En 1862 fue enviado a investigar la rebelión campesina de Jinju. Su informe atribuyó el levantamiento a la corrupción de las autoridades locales, los abusos de las élites provinciales y el deterioro de los tres principales sistemas fiscales de Joseon. Park solicitó reducciones tributarias, asistencia para la población y la creación de un organismo que discutiera reformas estructurales.
Su carrera también transcurrió en medio de una creciente presión exterior. Durante una misión de aproximadamente seis meses a la China Qing en 1861, observó las consecuencias de la ocupación de Pekín y Tianjin por fuerzas británicas y francesas y el nuevo escenario creado por la Convención de Pekín. A su regreso participó en la redacción de documentos diplomáticos dirigidos tanto a China como a Estados Unidos.
Como gobernador de Pyongan en 1866 dirigió la respuesta contra el General Sherman, un buque mercante estadounidense armado que avanzó por el río Taedong pese al rechazo de sus demandas comerciales. La nave quedó varada y fue incendiada. Ese mismo año, en medio de la persecución contra los católicos, Park sostuvo que la expansión de esa religión debía entenderse a partir de la dureza administrativa y del fracaso de las autoridades para orientar a la población. Defendió la persuasión antes que el castigo, y no hubo ejecuciones por esta causa en la zona bajo su jurisdicción.
Una apertura selectiva y soberana
La segunda misión de Park a China, en 1872, fue decisiva. Allí estudió el Movimiento de Autofortalecimiento de la dinastía Qing, que buscaba responder al avance occidental mediante la incorporación de tecnología y conocimientos militares. A partir de esa experiencia defendió preservar la ética y el pensamiento de Asia oriental mientras se adoptaban de manera selectiva las técnicas útiles de Occidente.
Su propuesta de apertura no implicaba aceptar pasivamente la presión extranjera. Frente al acercamiento japonés, sostuvo que Joseon no debía atacar primero, pero sí recurrir a la fuerza si se producía una agresión. También pidió que la corte no se concentrara únicamente en expresiones diplomáticas japonesas como «emperador», «edicto imperial» o «Gran Japón», sino que evaluara las relaciones concretas y el interés nacional.
En 1875 advirtió al regente Heungseon Daewongun que, si Japón llegaba a disparar sus cañones, aceptar después sus documentos sería demasiado tarde y supondría una humillación para el país. Tras el incidente del buque Unyo, Park y otros funcionarios trataron de convencer a la corte de negociar, y él intervino en el proceso que condujo al Tratado de Ganghwa de 1876. Sin embargo, el acuerdo se firmó bajo coerción militar japonesa y tuvo un carácter desigual, muy distinto de la apertura autónoma que Park había imaginado.
El maestro de una generación reformista
Después de abandonar la primera línea política, Park convirtió su residencia en un espacio de enseñanza para jóvenes interesados en el mundo exterior. Allí explicaba la obra de su abuelo, textos sobre geografía internacional y asuntos marítimos, y mostraba relojes, mecanismos, pinturas occidentales y otros ejemplos de nuevas tecnologías.
Entre quienes recibieron su influencia estuvieron Kim Ok-gyun, Park Yeong-hyo, Kim Hong-jip, Kim Yun-sik, Yu Gil-jun, Park Jeong-yang, Hong Yeong-sik, Seo Jae-pil y Yun Chi-ho, futuros protagonistas del movimiento reformista coreano. Park valoraba las capacidades personales por encima del estatus social y mantuvo vínculos con intérpretes, pensadores y religiosos de distintos orígenes.
Su posición ante las potencias extranjeras sigue siendo objeto de debate. Algunos investigadores señalan que apoyó políticas de rechazo a Occidente y defendió el combate contra Estados Unidos durante la expedición militar de 1871, por lo que consideran difícil presentarlo como un partidario constante de la conciliación. Otras interpretaciones destacan que, tras su segunda visita a China, expresó de forma abierta una convicción más firme a favor de la apertura.
Entre el Silhak y la modernización
Park Gyu-su murió en 1877 mientras ejercía como magistrado de Suwon. Recibió de manera póstuma el título de Munik y, en 1921, fue incorporado al santuario del rey Gojong. Sus rangos oficiales fueron retirados tras el fracaso del golpe reformista de Gapsin, protagonizado por varios de sus discípulos, y restituidos en 1894.
Su trayectoria resume las contradicciones de una Corea que buscaba responder a las rebeliones internas, la corrupción administrativa y el avance de las potencias extranjeras. Al recoger la herencia del Silhak —el movimiento confuciano de aprendizaje práctico— y transmitirla a los primeros reformistas, Park quedó como una figura de enlace entre las propuestas de renovación de Joseon y los proyectos de apertura que marcarían el final del siglo XIX coreano.
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