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El monje Manggong fue una de las figuras decisivas del budismo coreano moderno. Maestro de la meditación ganhwa seon, equivalente coreano de la tradición zen, continuó el linaje de Gyeongheo y formó a varias generaciones de religiosos en torno al monte Deoksung. También se enfrentó a la política religiosa del Gobierno colonial japonés y rechazó las medidas destinadas a asimilar la identidad coreana.
De Taein a la vida monástica
Manggong nació el séptimo día del tercer mes lunar de 1871 en Taein, en la actual ciudad de Jeongeup, provincia de Jeolla del Norte. Su nombre de nacimiento fue Song Do-am; recibió el nombre budista Wolmyeon y adoptó Manggong como nombre religioso honorífico, por lo que también fue conocido como Song Manggong o monje Wolmyeon.
En 1883 visitó el templo Geumsansa, donde la contemplación de una estatua budista lo llevó a decidirse por la vida monástica. Ingresó en Donghaksa como novicio bajo la dirección de Jinam y, al año siguiente, fue ordenado en Cheonjangsa con Taeheo como maestro y Gyeongheo como preceptor.
Durante años concentró su práctica en una pregunta meditativa: si todas las cosas regresan a una, ¿adónde regresa esa una? Según la tradición, alcanzó una profunda iluminación en 1895 al escuchar de madrugada la campana del templo Bonggoksa, en Asan. En 1904 recibió de Gyeongheo la transmisión del Dharma y posteriormente estableció Geumseondae, en el monte Deoksung, para instruir a nuevos discípulos.
Una práctica centrada en la pregunta esencial
Manggong enseñaba el ganhwa seon, método que deja de lado la especulación teórica y concentra la mente en un hwadu, una pregunta o expresión paradójica empleada como objeto de contemplación. A sus discípulos les pedía trabajar especialmente con el hwadu de la palabra «mu» del maestro chino Zhaozhou. Para él, la meditación era el camino fundamental hacia la libertad y la compasión.
Sus métodos de enseñanza podían incluir el silencio, gritos, golpes con un bastón, conversaciones alejadas de las convenciones o el dibujo de un círculo. Utilizaba términos como mente, naturaleza propia, naturaleza búdica, vacío, rostro original o protagonista para señalar una misma realidad esencial. Sostenía que la verdadera naturaleza de cada persona no era distinta de la del universo y que el núcleo del budismo consistía en despertar a la propia mente.
También afirmaba que la práctica necesitaba un maestro lúcido, un lugar apropiado y buenos compañeros, aunque consideraba al guía espiritual como la condición más importante. Su fama llegó hasta la corte: damas del palacio acudieron a escuchar sus enseñanzas, que en ocasiones transmitía mediante canciones y respuestas enigmáticas en lugar de explicaciones doctrinales.
La renovación del budismo zen
Manggong impulsó la reconstrucción de templos y ermitas como Sudeoksa, Jeonghyesa y Gyeonseongam, en el monte Deoksung, así como Ganworam, en la isla de Anmyeon, restaurada en 1914. A comienzos de la década de 1920 participó en el movimiento para fundar Seonhakwon, institución creada para preservar y promover la meditación seon, y colaboró con una asociación de monjes que buscaba la autonomía económica de sus comunidades.
En 1927 se declaró heredero de la tradición Linji —conocida en Corea como Imje— mediante su obra «Hyeonyangmaegu». En 1934 fue nombrado directivo y después presidente de la fundación Joseon Bulgyo Seonri Chamguwon, dedicada al estudio y la práctica contemplativa.
De su escuela surgieron monjes como Bowol, Jeongang, Gobeong, Geumo y Hyeam, además de religiosas como Beophui, Manseong e Iryeop. Tras la temprana muerte de Bowol, su primer sucesor, Manggong transmitió sus enseñanzas a otros discípulos. El linaje quedó establecido con Gyeongheo como patriarca 75, Manggong como 76, Hyeam como 77 y Myobong como 78 dentro de esa genealogía budista.
Resistencia a la política colonial japonesa
Durante la ocupación japonesa de Corea, Manggong se opuso abiertamente a las políticas del Gobierno General destinadas a reorganizar el budismo coreano según modelos japoneses. En 1937, cuando era abad de Magoksa, cuestionó con dureza a las autoridades durante una reunión de responsables de los 31 templos principales de Corea.
Ante el gobernador general Minami Jirō, sostuvo con ironía que su antecesor, Terauchi Masatake, había destruido el budismo de Joseon pese a presentarse como un creyente devoto. Añadió que, conforme a la doctrina, Terauchi caería en el infierno y propuso rezar por él porque, preguntó, «si nosotros no lo salvamos del infierno, ¿quién lo hará?».
Cuando el régimen colonial implantó en 1940 la política de adopción obligatoria de nombres japoneses, Manggong se negó a cumplirla y se concentró en la meditación. En una asamblea nacional de maestros celebrada al año siguiente en Seonhakwon, pidió preservar la continuidad del budismo coreano mediante el respeto riguroso de los preceptos y el fortalecimiento de la práctica seon.
Últimos años y legado
Manggong pasó sus últimos años en Jeonwolsa, una ermita levantada en la cima del monte Deoksung, desde donde continuó promoviendo el budismo zen. Allí presenció en 1945 la liberación de Corea del dominio japonés.
Murió el 20 de octubre de 1946. Según el relato conservado por sus seguidores, antes de fallecer miró un espejo y dijo: «Manggong, has trabajado duro compartiendo conmigo alegrías y penas durante 70 años». Después se acostó y murió como si se quedara dormido. Tenía 75 años y acumulaba 62 de vida religiosa.
Su cremación se realizó en el monte Deoksung y sus restos fueron depositados en una estupa cercana a Geumseondae. Sus enseñanzas quedaron recogidas en obras como «Manggong Beobeo», «Hyeonyangmaegu» y una recopilación póstuma de sus discursos. Su figura también apareció en producciones audiovisuales surcoreanas, entre ellas el radiodrama «Biografías de grandes monjes», de 1990, y la serie televisiva «La era de los rústicos», emitida por SBS en 2002.
Recordado como monje y activista independentista, Manggong difundió la meditación ganhwa seon, consolidó una influyente comunidad de discípulos y defendió la autonomía del budismo coreano frente a la administración colonial. Su linaje continúa ocupando un lugar relevante en la tradición budista contemporánea de Corea.
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