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Una vida dedicada a los libros
Choi Han-gi fue uno de los pensadores más singulares de la etapa final de la dinastía Joseon. Nacido el 26 de octubre de 1803 en Kaesong y fallecido el 21 de junio de 1879, desarrolló una extensa obra como filósofo, geógrafo y estudioso del silhak, corriente intelectual que buscaba conocimientos prácticos y verificables frente al formalismo académico.
Hijo biológico de Choi Chi-hyeon, autor de diez volúmenes de poesía, fue adoptado por un pariente de la familia que no tenía descendencia masculina. Creció cerca de la puerta Namdaemun, en Seúl, rodeado de libros y álbumes de caligrafía. Estudió escritura y neoconfucianismo con su padre y su abuelo materno, y pasó por los círculos de Kim Heon-gi y del célebre calígrafo y erudito Kim Jeong-hui, conocido como Chusa. También profundizó por cuenta propia en las ideas de Park Ji-won y Seo Gyeong-deok.
En 1825 aprobó los exámenes de saengwon y jinsa, etapas de acceso al sistema burocrático de Joseon, pero renunció a buscar un cargo al observar los vicios de ese mecanismo. Desde entonces concentró su vida en leer, enseñar y escribir sobre clásicos confucianos, historia, rituales, matemáticas y geografía. Cuando llegaban a Seúl libros recién publicados en China, intentaba conseguirlos antes que nadie. Incluso compraba ejemplares caros para estudiarlos y después los vendía por una fracción de su precio.
Su empeño redujo considerablemente su patrimonio. Cuando le aconsejaron dejar la capital y dedicarse a la agricultura, respondió que cultivar la tierra era deseable, pero que su aspiración mayor era conseguir libros. En 1841 rechazó también los repetidos intentos del jefe del Consejo de Estado Jo In-yeong por incorporarlo al Gobierno. Choi criticaba que los puestos se distribuyeran mediante relaciones personales y familiares, y prefirió continuar formando alumnos e investigando.
El conocimiento nace de la experiencia
El punto de partida de su filosofía era que el conocimiento humano no está dado desde el nacimiento, sino que se forma mediante la experiencia. Según Choi, esa experiencia surge cuando la mente entra en contacto con el mundo exterior por medio de los sentidos. Cuantas más percepciones confirmaban una idea, mayor era su grado de certeza.
Denominó de distintas maneras al conocimiento obtenido por el oído, la vista, la boca y las manos, y llamó jutong al saber reforzado por experiencias múltiples. A partir de la percepción y la memoria, las personas podían ampliar lo conocido mediante la inferencia: observar emociones para comprender el carácter, estudiar el movimiento para deducir el reposo, partir de uno mismo para entender a los demás o examinar objetos para anticipar acontecimientos. Expuso este método en Chucheuknok y Singitong, obras de 1836 que posteriormente quedaron reunidas bajo el título Gicheukcheui.
Choi concedía más importancia al gi, perceptible a través de sus manifestaciones, que al principio abstracto o i, difícil de comprobar directamente. Sostenía que las leyes de la realidad debían descubrirse observando los movimientos y las huellas del gi. Con esa base explicó el universo y la naturaleza como procesos de movimiento y transformación, y extendió el mismo enfoque al cambio de las sociedades humanas.
Su gihag, o estudio del gi, defendía el desarrollo continuo de la percepción, la memoria y la capacidad de inferencia para comprender el funcionamiento de la naturaleza. Desde esta posición cuestionó la exclusividad doctrinal del neoconfucianismo de Zhu Xi. También sostuvo que virtudes como la benevolencia, la justicia, el decoro y la sabiduría no eran necesariamente innatas, como había planteado Mencio, sino hábitos adquiridos mediante la experiencia. Para Choi, un conocimiento vinculado con la vida era verdadero aprendizaje; separado de ella, se convertía en saber vacío.
Mapas, astronomía y medicina occidental
Su curiosidad intelectual lo llevó a colaborar estrechamente con Kim Jeong-ho, uno de los grandes geógrafos y cartógrafos coreanos del siglo XIX. Ambos grabaron en madera de azufaifo un mapamundi llegado desde China. Cuando Kim terminó el Cheonggudo en 1834, Choi escribió un texto para acompañar el mapa. De ese mismo año datan Yukhaebeop y Cheonggudoje, mientras que también se atribuye a ese periodo la elaboración de Manguk Gyeongwi Jigu-do, obra cuya conservación no ha podido confirmarse.
En Jigu Jeon-yo, publicado en 1857, reunió información sobre la geografía, la historia, los productos y los conocimientos de distintos países a partir de obras chinas dedicadas al mundo exterior. El libro incorporó nociones científicas occidentales como la esfericidad de la Tierra, su rotación y traslación, y el modelo heliocéntrico de Copérnico. Aunque estas ideas todavía podían ser rechazadas en Joseon como afirmaciones absurdas o engañosas, Choi las utilizó para desarrollar un sistema propio que combinaba filosofía oriental y ciencia occidental.
Ya en sus obras de 1836 había recurrido a ejemplos de física occidental. Describió el sonido como una vibración del gi que se propaga y se refleja al chocar con los objetos. Pensó que olores y colores podían comportarse mediante fenómenos similares, explicó la refracción de la luz y propuso nombres coreanos para instrumentos como el termómetro y el higrómetro.
Seonggi Unhwa, de 1867, fue una adaptación de una traducción china de los escritos del astrónomo británico William Herschel. Un año antes, Choi había compilado Singi Cheonheom a partir de textos médicos del misionero británico Benjamin Hobson, con el objetivo de ofrecer una visión general de la medicina occidental. Presentó el cuerpo humano como una máquina en la que el singi se transforma y señaló que Occidente había alcanzado un desarrollo superior en anatomía y patología.
Educación abierta y selección por capacidad
Choi rechazaba que la educación fuera un privilegio de las élites o una herramienta para heredar riqueza y posición. Defendió que también debían estudiar las mujeres y las clases populares. A su juicio, la enseñanza no podía limitarse al neoconfucianismo: debía incluir matemáticas, física, comercio, astronomía, mecánica y medicina, además de fomentar la agricultura, la industria, el tejido y las tecnologías mecánicas.
A sus discípulos les recomendaba aprender comercio, medicina y oficios artesanales. Llegó a criticar el ideal de encontrar satisfacción en la pobreza, al considerarlo un consuelo que impedía mejorar las condiciones materiales de vida.
En Injeong, de 1860, sostuvo que los funcionarios debían ser seleccionados por su talento y capacidad efectiva, no por su linaje ni por su formación dentro de determinados círculos. También defendió que las personas con discapacidad tuvieran acceso al aprendizaje y al trabajo. En Ganggwanron relacionó el nivel intelectual y político del monarca con la calidad de los especialistas elegidos para instruirlo.
Apertura exterior en tiempos de conflicto
Tras la llegada al trono del rey Gojong, Choi conoció con mayor detalle la existencia del capitalismo occidental y se pronunció a favor del comercio y la apertura. Retomó las propuestas de Park Ji-won y Park Je-ga sobre la necesidad de ampliar los intercambios y aprender de las sociedades del norte, especialmente de China. Defendía relaciones en condiciones de igualdad con otros países y una incorporación selectiva de la ciencia y la tecnología occidentales.
Sus planteamientos encontraron respaldo entre un grupo reducido de figuras como Park Gyu-su, O Gyeong-seok y Yu Dae-chi, pero fueron criticados por los principales estudiosos de la facción Noron y causaron disgusto al regente Heungseon Daewongun.
Durante la expedición militar estadounidense contra Corea de 1871, conocida como Shinmiyangyo, el responsable de la defensa de Ganghwa, Jeong Gi-won, obtuvo autorización para consultarlo. Choi advirtió que las tropas occidentales utilizaban armas más pequeñas y resistentes que los cañones y mosquetes conocidos en Joseon, y recomendó prepararse para la posible movilización de un gran contingente. Consideró más útil permanecer en Seúl, consultar sus libros y recibir informes del frente para elaborar propuestas que trasladarse al campamento de Ganghwa.
Una obra reconocida después de su muerte
Desde Nongjeong Hoeyo, de 1830, hasta Seonggi Unhwa, de 1867, Choi escribió sobre agricultura, matemáticas, astronomía, geografía, medicina, filosofía y administración de personal. Existen registros que le atribuyen más de mil volúmenes. Entre sus títulos principales se encuentran Gihag, Injeong, Simgidoseol, Seupsanjinbeol, Unhwacheukheom y Myeongnamnu Surok.
Durante sus últimos años tuvo que empeñar libros y vender escritos, caligrafías y otras obras para subsistir, aunque dedicó buena parte de esos ingresos a adquirir nuevos textos. En 1872, después de que su hijo mayor Choi Byeong-dae se convirtiera en asistente del rey Gojong, recibió un rango honorífico. En 1875 fue nombrado comandante militar y funcionario del Consejo Central, pero renunció alegando problemas de salud.
Su posición ante el exterior no estuvo libre de contradicciones. Aunque había defendido la necesidad de abrir los puertos, en 1876 hizo que su hijo presentara un memorial contrario a las influencias extranjeras y lo felicitó cuando fue enviado al exilio por esa acción. Choi murió tres años después.
En 1892 recibió títulos póstumos en reconocimiento de su trayectoria. Sus teorías sobre el gi y sus propuestas de apertura habían sido controvertidas durante su vida, pero algunos de sus libros circularon y fueron publicados en China. El interés académico aumentó después de la desaparición de la dinastía Joseon y cobró impulso desde comienzos de la década de 1960. A partir de 1979, el Instituto Nacional de Historia de Corea tradujo al coreano moderno obras como Gicheukcheui e Injeong. En 1999, Choi fue seleccionado como figura cultural de los meses de marzo y abril, consolidando el reconocimiento tardío de un autor que intentó tender un puente entre el silhak, el pensamiento reformista y la ciencia occidental.
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