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Una historia de la cultura coreana que no empieza con el K-pop
Para comprender la cultura popular de Corea del Sur no basta con mirar a sus estrellas juveniles, sus series internacionales o sus grandes producciones cinematográficas. También hay que detenerse ante un escenario al aire libre, escuchar a un cantante aficionado y observar a un presentador que sabe cuándo hacer una broma y cuándo dejar hablar. Durante décadas, ese hombre fue Song Hae, el rostro más reconocible de Jeonguk Norae Jarang, el concurso musical de KBS cuyo nombre puede traducirse como Concurso Nacional de Canto.
Su trayectoria ofrece una perspectiva distinta de la que suele llegar al público hispanohablante a través de la Ola Coreana, o hallyu: la expansión internacional del entretenimiento surcoreano. Antes de que esa circulación se asociara a plataformas digitales y comunidades de seguidores conectadas en tiempo real, Song Hae ya acompañaba un programa que llevó sus escenarios fuera del país. Entre sus destinos estuvo Paraguay, un vínculo concreto con América Latina que permite mirar esta historia más allá de Seúl.
Reconocido en mayo de 2022 por Guinness World Records como el presentador de concursos musicales televisivos de mayor edad, con 95 años, Song Hae murió pocas semanas después, el 8 de junio. Pero reducirlo a una marca de longevidad dejaría fuera lo esencial: su vida atravesó la guerra, la separación familiar, los cambios del sistema de radiodifusión y una manera de entender el espectáculo que situaba a la gente corriente en el centro.
El nombre que nació durante una huida
Song Hae nació como Song Bok-hui el 27 de abril de 1927 en Jaeryong, en la provincia de Hwanghae, un territorio que hoy pertenece a Corea del Norte. Su primera formación artística fue musical: en 1949 ingresó en el departamento de canto de una escuela de artes de Haeju y comenzó a actuar. La guerra de Corea, iniciada en junio de 1950, interrumpió ese camino y convirtió una vocación incipiente en parte de una historia de desplazamiento.
Para evitar el reclutamiento por el ejército norcoreano se escondió en las montañas. Después de su tercera huida ya no pudo regresar a casa y terminó a bordo de un barco estadounidense de evacuación que navegaba hacia el sur. La última despedida de su madre había sido una advertencia para que tuviera cuidado. No volvieron a encontrarse. El mar que contempló durante aquel trayecto inspiró su nombre artístico: Hae remite al mar, una imagen que vinculó con el deseo de abarcar un mundo más amplio.
Tras llegar a Busan se incorporó al ejército surcoreano como operador de comunicaciones. El 27 de julio de 1953, cuando se firmó el armisticio que detuvo los combates, le correspondió transmitir en código morse el comunicado del acuerdo. Conviene recordar la diferencia: un armisticio suspende las hostilidades, pero no equivale a un tratado de paz. En su biografía, esa distinción tuvo consecuencias íntimas, porque el final de los combates no reparó la separación de su familia.
Del canto a una televisión en transformación
Después del servicio militar, Song Hae encontró trabajo en la compañía de espectáculos Changgong y debutó profesionalmente como cantante en 1955. En 1963 participó con un papel pequeño en una película y, desde finales de esa década, amplió su actividad hacia los programas de comedia y la conducción televisiva. Su oficio se construyó así entre disciplinas: cantar, interpretar, improvisar y acompañar a otros sobre el escenario.
Para lectores latinoamericanos y españoles, ese recorrido puede recordar a los artistas de variedades que pasaban de la radio al teatro y de allí a la televisión. No se trata de equiparar carreras, sino de reconocer un tipo de profesional anterior a la especialización estricta del entretenimiento. Song Hae compartió escenarios con figuras de la comedia coreana como Gu Bong-seo y Bae Sam-ryong, mientras desarrollaba una familiaridad con el público que después resultaría decisiva.
Su carrera también estuvo condicionada por decisiones políticas. TBC, la emisora en la que trabajó durante los años setenta, fue clausurada forzosamente en 1980 como parte de la reorganización de los medios de comunicación. Su actividad pasó a KBS 2TV. El programa matinal de información de tráfico que había empezado a presentar en 1975 continuó en KBS Radio Seoul y lo mantuvo ante el micrófono hasta 1989. La continuidad del conductor, por tanto, convivió con profundas rupturas institucionales.
Un concurso que hizo protagonistas a sus participantes
La relación de Song Hae con Jeonguk Norae Jarang estuvo precedida por una tragedia. En marzo de 1987, su único hijo varón murió a los 23 años en un atropello cuyo responsable se dio a la fuga. Mientras atravesaba el duelo, el productor Ahn In-gi le propuso salir de gira con el programa. La invitación suponía volver a trabajar, recorrer el país y encontrarse con personas fuera del entorno de su pérdida.
Su primera emisión como presentador fue el 8 de mayo de 1988. El formato llevaba actuaciones de aficionados a escenarios públicos: parques, explanadas y recintos al aire libre donde el entorno local formaba parte del espectáculo. Para un lector hispanohablante, la referencia más cercana no sería únicamente un concurso como Operación Triunfo o La Voz, sino también la actuación de las fiestas de un municipio: un momento en que cantar permite representar al barrio, al pueblo o a la familia.
En esa estructura, el conductor no necesitaba imponerse constantemente. El valor estaba en convertir una conversación con un participante en un momento compartido. Sus colegas recordarían después su capacidad para hacer que personas mayores recuperaran una energía juvenil y que concursantes anónimos se sintieran estrellas. Esas palabras son homenajes, no mediciones de audiencia, pero describen con claridad la dimensión comunitaria que atribuían a su trabajo.
La identificación entre programa y presentador quedó expuesta en 1994. Durante una renovación de primavera fue sustituido por el locutor Kim Seon-dong. Después de protestas de espectadores y una caída de audiencia, regresó en octubre, aproximadamente seis meses más tarde. El episodio muestra que la familiaridad podía ser un elemento central del formato: no bastaba con conservar el concurso si cambiaba la persona que articulaba la relación con sus participantes.
Paraguay: un punto de encuentro con el mundo hispanohablante
Para Paraguay, la presencia de Jeonguk Norae Jarang constituye el nexo más directo de esta historia con su propio espacio cultural. El programa celebró allí una edición pública, a una distancia que el relato biográfico sitúa en unas 27 horas de viaje aéreo desde Corea del Sur. Paraguay aparece así junto a destinos como Los Ángeles, Tokio, Pekín, Nueva York y Londres dentro del recorrido internacional de un espectáculo profundamente ligado a la vida local coreana.
El alcance de ese dato exige precisión. La información disponible no identifica la fecha de la presentación paraguaya, el recinto, el número de asistentes ni los socios comerciales que pudieron intervenir. Tampoco permite afirmar que el programa conquistara el mercado televisivo nacional. Su importancia comprobable es otra: hubo un desplazamiento efectivo del formato hasta un país hispanohablante de América del Sur, y no solamente una posibilidad de verlo desde lejos.
Para los públicos y las empresas culturales de Paraguay, ese antecedente invita a ampliar la conversación sobre los intercambios con Corea. Además de conciertos de artistas actuales, existen archivos televisivos, repertorios populares y formatos participativos que pueden interesar a programadores, medios y espacios culturales. No hay aquí evidencia de contratos vigentes ni de nuevas inversiones; sí una base para preguntarse cómo recuperar y contextualizar aquel encuentro, empezando por documentar su historia local.
La distinción importa también para América Latina y España. La circulación internacional de un programa no demuestra por sí sola una expansión comercial sostenida, pero permite reconocer conexiones que una mirada centrada exclusivamente en los éxitos recientes puede pasar por alto. En este caso, Paraguay no necesita ser presentado como un mercado hipotético: ya forma parte del itinerario de Song Hae.
Una visita a Pyongyang que no resolvió la separación
Otra salida del escenario habitual tuvo un significado muy diferente. En 2003, Song Hae presentó un concurso de canto en Pyongyang junto a Jon Song-hui, locutora de la televisión central norcoreana. Su autorización de estancia encontró dificultades porque las autoridades del Norte cuestionaban su antecedente de haber marchado al Sur. El presentador regresaba al otro lado de la división, pero no podía hacerlo al margen de ella.
Durante el coro final de Volvamos a encontrarnos, lloró. Después, en un banquete, preguntó por su lugar de origen, Jaeryong. Según su posterior recuerdo, la respuesta de un funcionario norcoreano le hizo comprender que ya no podría reencontrarse con su madre. La actuación había abierto una posibilidad de contacto, no una reparación de la historia familiar.
Song Hae expresó varias veces su deseo de llevar Jeonguk Norae Jarang a su pueblo natal, pero no logró cumplirlo. Para públicos de países que conocen relatos de exilio y separación, esa aspiración resulta comprensible sin necesidad de equiparar conflictos distintos. Su caso recuerda, además, los límites de la diplomacia cultural: compartir una canción puede crear un espacio de reconocimiento, pero no elimina automáticamente las barreras políticas ni devuelve el tiempo perdido.
Qué aporta su legado a las audiencias de América Latina y España
Para quienes se aproximaron a Corea mediante el K-pop o las series, Song Hae ofrece una puerta hacia otras generaciones y otros repertorios. Nunca abandonó completamente el canto. Participó en el programa musical Gayo Mudae, celebró conciertos propios después de cumplir 80 años y publicó música en la última etapa de su vida. En una canción de 2015 incorporó la separación de su madre; en 2018 lanzó el álbum Ttanttara, un término coloquial referido a los artistas del espectáculo que puede tener un matiz despectivo.
Ese repertorio permite formular preguntas familiares para el público hispanohablante: qué canciones conservan la memoria de nuestros mayores, cómo conviven los ídolos juveniles con los intérpretes veteranos y qué lugar reserva la televisión a quienes están lejos de las grandes capitales. La comparación con una copla, un bolero o una ranchera no implica que su música pertenezca a esos géneros. Sirve para entender la función de una canción que sobrevive vinculada a recuerdos familiares.
Para medios, distribuidores y programadores culturales de la región, la lección es editorial antes que comercial: presentar Corea únicamente como una fábrica de novedades deja fuera buena parte de su diversidad. Un tratamiento responsable de sus archivos requeriría contexto histórico, traducciones cuidadosas y verificación de los derechos correspondientes. La trayectoria de Song Hae no permite calcular la demanda de esos contenidos en español, pero sí muestra por qué podrían ampliar la conversación más allá de los lanzamientos del momento.
Un récord que no explica por sí solo una vida
Song Hae continuó participando en grabaciones exteriores después de los 90 años. Cuando la pandemia de covid-19 detuvo esos encuentros en 2020, el programa recurrió a especiales de estudio. El cambio alteraba un componente esencial de su trabajo: la proximidad física con concursantes y espectadores. Su última aparición televisiva fue el 15 de mayo de 2022 y, ese mismo mes, comunicó al equipo que su deterioro de salud le dificultaba seguir al frente.
Guinness anunció su reconocimiento el 23 de mayo. Tras su muerte, el 8 de junio, recibió de manera póstuma la Orden Geumgwan al Mérito Cultural, la máxima distinción surcoreana de esa categoría. A los premios acumulados durante su carrera se sumaron nuevos homenajes, entre ellos su inclusión en 2023 entre las 50 personalidades que hicieron brillar a KBS. Conforme a su voluntad, fue enterrado en Dalseong, junto a su esposa, fallecida en 2018.
Su legado no consiste únicamente en haber permanecido muchos años ante una cámara. Consiste en haber acompañado a otros para que pudieran ocuparla. Visto desde América Latina y España, y con Paraguay como conexión concreta, Song Hae ayuda a ensanchar el mapa de la cultura coreana: junto a las estrellas globales también están los pueblos, las familias separadas y las voces aficionadas. Una historia del entretenimiento que quiera explicar Corea necesita escuchar asimismo esas canciones.
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