Por qué The Roundup convirtió al policía más contundente de Corea en una franquicia de masas

Por qué The Roundup convirtió al policía más contundente de Corea en una franquicia de masas

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Un fenómeno de taquilla que explica la nueva escala del cine coreano

En junio de 2022, cuando todavía pesaban sobre las salas de cine los efectos de la pandemia, una película policial surcoreana consiguió algo que en ese mercado equivale a ingresar en una categoría reservada para los grandes fenómenos populares. 《The Roundup》, título internacional de 《범죄도시2》 y conocida también como la segunda entrega de la saga 《The Outlaws》, superó los diez millones de espectadores en Corea del Sur. Fue la película número 28 en alcanzar esa marca histórica y la primera producción estrenada en el país durante 2022 que rebasó los ocho millones de entradas.

La cifra requiere contexto para el público hispanohablante. En la industria coreana se habla de una película de «diez millones» como una distinción cultural, no solo comercial. Corea del Sur tiene una población cercana a los 52 millones de habitantes, de modo que vender diez millones de boletos supone movilizar a una porción extraordinaria del país, aunque una misma persona pueda acudir más de una vez. Sería difícil encontrar una equivalencia exacta en España o América Latina porque los tamaños de mercado, el precio de las entradas y los hábitos de asistencia son distintos. La comparación más útil es imaginar una producción nacional que deja de pertenecer a los aficionados de un género y se convierte en conversación transversal: la ven jóvenes, familias, trabajadores y espectadores que quizá solo acuden al cine ante un acontecimiento.

《The Roundup》 comenzó a demostrar esa capacidad desde el estreno. Su primera jornada reunió a 467.525 espectadores y marcó la mejor apertura para una película coreana en los 882 días anteriores. En apenas 18 días ya había superado los ocho millones. El dato importante no es únicamente la velocidad, sino la continuidad: la curiosidad inicial se transformó en recomendación, y el impulso de los primeros días no se agotó antes de alcanzar el umbral simbólico de los diez millones.

El éxito confirma una transformación de fondo. Durante años, el cine coreano exportado a Occidente fue identificado principalmente con autores de prestigio, thrillers oscuros o títulos premiados en festivales. 《The Roundup》 muestra otra cara de esa industria: la capacidad de fabricar entretenimiento popular, reconocible y serializado alrededor de una estrella. Es un modelo más cercano a las franquicias de acción que dominan las multisalas internacionales, pero construido con códigos propios de la cultura policial y laboral surcoreana.

Una secuela que entendió que repetir no era suficiente

La película continúa la historia iniciada en 2017 por 《The Outlaws》, pero no se limita a reproducirla. Lee Sang-yong, quien había trabajado como asistente de dirección en la primera entrega, asumió aquí la dirección y conservó el principal punto de identificación de la saga: el detective Ma Seok-do, interpretado por Ma Dong-seok. Al mismo tiempo, trasladó parte de la acción fuera de Corea y presentó un nuevo antagonista, Kang Hae-sang, encarnado por Son Suk-ku.

Ese equilibrio entre continuidad y cambio explica buena parte de la eficacia comercial de la secuela. El público ya conocía la presencia física, el humor seco y los métodos expeditivos de Ma Seok-do, pero la operación de captura en el extranjero ampliaba el terreno de juego. El héroe seguía siendo el mismo; las reglas inmediatas, el escenario y la amenaza eran diferentes. Es una fórmula conocida por los seguidores de James Bond, Misión: Imposible o las grandes sagas policiales de Hollywood, aunque aquí la personalidad del conjunto depende menos de la tecnología espectacular y más del choque entre el cuerpo del protagonista, la jerarquía del equipo y un entorno criminal hostil.

También cambió la organización interna del grupo de detectives de la comisaría de Geumcheon. Oh Dong-gyun, interpretado por Heo Dong-won, pasó de ser considerado el cerebro del equipo a funcionar como mano derecha de Ma. Kang Hong-seok, personaje de Ha Jun, asumió una posición más analítica, mientras Kim Sang-hoon, interpretado por Jung Jae-kwang, ingresó como el nuevo integrante joven. Estas modificaciones pueden parecer menores, pero son importantes dentro de una franquicia: permiten conservar rostros familiares sin congelar sus funciones y abren espacio para nuevas dinámicas cómicas y profesionales.

La reorganización también respondió a circunstancias externas. Hong Ki-joon, quien había interpretado a Park Byung-sik, no regresó después de la controversia generada por un caso de conducción bajo los efectos del alcohol en 2020. La producción optó por redistribuir responsabilidades y sumar personajes, en lugar de intentar mantener intacta la formación original. En otro registro, la película quedó como obra póstuma de Nam Moon-chul, actor que interpretó a Choi Chun-baek y murió de cáncer de colon el 4 de octubre de 2021.

Ma Dong-seok, un héroe reconocible más allá del idioma

El centro de gravedad de 《The Roundup》 es Ma Dong-seok, también conocido internacionalmente como Don Lee. Su atractivo no se ajusta al molde del héroe estilizado que durante años dominó parte del entretenimiento asiático exportado. Ma construye su personaje con corpulencia, economía gestual, humor y una fuerza que la puesta en escena presenta casi como un fenómeno inevitable. Cuando Ma Seok-do entra en una habitación, el espectador entiende antes de cualquier diálogo que la correlación de fuerzas acaba de cambiar.

Para una audiencia latinoamericana o española, el personaje puede recordar a ciertos héroes populares cuya credibilidad depende de una mezcla de cercanía y potencia. No es el agente impecable de traje perfecto, sino un policía de primera línea que trabaja entre compañeros, informantes y delincuentes habituales. La comedia surge con frecuencia de la diferencia entre su tono tranquilo y la contundencia de sus acciones. Esa combinación facilita que el personaje viaje entre culturas: incluso cuando se pierden matices lingüísticos, el ritmo corporal del actor y la reacción de quienes lo rodean comunican el chiste.

Sin un rival capaz de generar peligro, sin embargo, esa fuerza terminaría por volverse rutinaria. Son Suk-ku aporta el contrapeso como Kang Hae-sang, un criminal violento que opera fuera de Corea. La película articula su tensión alrededor del avance de ambos personajes hacia el enfrentamiento, pero sus estilos son distintos. Ma Seok-do representa la fuerza organizada, respaldada por una identidad profesional y un equipo; Kang Hae-sang encarna una violencia imprevisible y desligada de límites institucionales.

El reparto de apoyo evita que el relato dependa exclusivamente de esa oposición. Choi Gwi-hwa regresa como Jeon Il-man y Park Ji-hwan retoma a Jang Yi-soo, mientras numerosos actores completan la red de policías, intermediarios y figuras vinculadas al caso. En el cine criminal coreano es frecuente que los secundarios tengan funciones muy precisas y rasgos fáciles de reconocer. No todos reciben grandes arcos dramáticos, pero juntos construyen la sensación de un mundo que ya existía antes de comenzar la película y que seguirá funcionando después de los créditos.

La comisaría coreana y los códigos que un espectador extranjero puede pasar por alto

Una parte del atractivo de la saga procede de la cultura organizativa representada en la comisaría de Geumcheon, un distrito del suroeste de Seúl. Para el público coreano, las relaciones entre veteranos y novatos resultan inmediatamente legibles. La edad, el rango y la antigüedad influyen en la forma de hablar, en el reparto de tareas y en quién puede cuestionar una decisión. Estos códigos aparecen en muchas series y películas del país, desde dramas de oficina hasta relatos militares o escolares.

El concepto coreano de jerarquía no significa que todos los equipos funcionen de manera rígida ni que la ficción sea un retrato documental de la policía. Sí ayuda a entender por qué importa quién es el «maknae», término usado para designar al miembro más joven de un grupo, y por qué el traslado de un detective desde una función intelectual hacia la posición de mano derecha modifica la dinámica colectiva. La saga obtiene humor de esas relaciones, pero también las utiliza para repartir información, autoridad y riesgo.

En ese sentido, el equipo policial tiene puntos de contacto con referentes familiares para el mundo hispano: la brigada de una serie española, una fiscalía televisiva latinoamericana o el grupo de investigadores de una telenovela criminal. La diferencia está en la intensidad con que la ficción coreana subraya la relación entre «sunbae» y «hoobae», es decir, entre quien tiene mayor trayectoria y quien llega después. No son simples sinónimos de jefe y subordinado; describen vínculos sociales que pueden mantenerse incluso cuando las posiciones formales cambian.

《The Roundup》 desplaza esa estructura conocida hacia una operación en Vietnam. El viaje crea desorientación práctica y permite ampliar el alcance visual de la secuela sin convertir a Ma Seok-do en un agente internacional sofisticado. El protagonista sigue siendo un detective local enfrentado a una situación que rebasa su territorio habitual. Esa fricción es esencial: la película no abandona la identidad del barrio para imitar por completo al thriller global, sino que lleva sus códigos domésticos al extranjero.

Vietnam como escenario y el desafío de mirar desde Corea

El uso de Vietnam ofrece escala, tensión y una geografía distinta, pero también invita a una lectura crítica. Las producciones que trasladan a sus protagonistas nacionales a otros países suelen mirar el nuevo espacio desde la perspectiva de quienes llegan. Hollywood lo ha hecho durante décadas con América Latina, Asia y África, muchas veces reduciendo ciudades complejas a fondos de peligro, exotismo o persecución. El cine coreano, a medida que se internacionaliza, enfrenta una responsabilidad parecida.

En 《The Roundup》, la trama conserva el punto de vista de los detectives coreanos y utiliza la operación exterior para elevar el riesgo. Entre los personajes aparece Tran, un policía vietnamita interpretado por Song Yo-sep, pero el corazón de la historia continúa en manos del equipo de Geumcheon. Para el espectador internacional conviene distinguir dos niveles: Vietnam funciona como escenario narrativo de una ficción criminal y no como descripción total de su sociedad, sus instituciones o su seguridad.

Esta observación tiene especial relevancia para los latinoamericanos. Las audiencias de la región conocen bien el efecto de verse representadas desde fuera mediante clichés sobre narcotráfico, corrupción o violencia. El auge global del contenido coreano hace posible disfrutar de su destreza técnica y, al mismo tiempo, evaluar cómo retrata a otros países. La Ola Coreana ya no ocupa una posición marginal: sus películas y series participan en la creación de imaginarios internacionales y, por ello, deben ser analizadas con la misma atención que las grandes producciones estadounidenses o europeas.

La expansión geográfica de la saga también anticipa una tendencia industrial. Cuando una franquicia consolida a su protagonista, puede cambiar ciudades, adversarios y equipos sin perder la marca central. El peligro consiste en utilizar cada territorio únicamente como decorado intercambiable. La oportunidad, en cambio, está en construir colaboraciones más profundas con actores, técnicos y perspectivas locales. Ese será uno de los asuntos a observar si el cine comercial coreano continúa llevando sus historias policiales fuera de sus fronteras.

Qué significa este éxito para España y América Latina

Para el mundo hispanohablante, el caso de 《The Roundup》 demuestra que la internacionalización de la cultura coreana no termina en el K-pop ni en los dramas románticos. El público que llegó a Corea a través de BTS, BLACKPINK, las series de plataformas o el impacto de 《Parasite》 dispone ahora de una oferta mucho más amplia: concursos, animación, gastronomía, terror, ciencia ficción y franquicias de acción. La película de Ma Dong-seok pertenece a esa segunda etapa de la Ola Coreana, conocida como «Hallyu», en la que el origen nacional sigue siendo atractivo, pero el consumo ya no depende de un único género.

En España y América Latina, las plataformas digitales han reducido una barrera histórica para el cine asiático: la dificultad de encontrar copias, subtítulos y horarios de exhibición. Antes, buena parte de estas películas circulaba por festivales, videoclubes especializados o comunidades de aficionados. Hoy una producción puede entrar en conversación regional con mucha mayor rapidez si obtiene distribución legal y una localización cuidada. Eso incluye subtítulos que respeten registros sociales, doblajes capaces de conservar el humor y campañas que no presenten cada estreno coreano como si fuera una nueva versión de 《El juego del calamar》.

La lección para distribuidoras, exhibidores y plataformas de la región es clara, aunque no garantiza resultados automáticos. Existe espacio para promocionar cine coreano comercial como entretenimiento de masas, no únicamente como producto de festival o contenido para fanáticos especializados. Una película policial con una estrella identificable y una estructura serial puede conectar con espectadores acostumbrados a sagas estadounidenses, thrillers españoles o relatos latinoamericanos de policías y criminales. La clave es explicar el universo sin borrar su identidad cultural.

También hay una oportunidad para empresas audiovisuales hispanohablantes. El modelo de franquicia basado en un personaje fuerte, un equipo recurrente y antagonistas renovables no requiere necesariamente presupuestos de superhéroes. Corea ha mostrado que una industria de tamaño medio puede combinar estrellas nacionales, géneros populares y ejecución técnica para competir por la atención del público. España, México, Argentina, Colombia, Chile y otros mercados cuentan con tradiciones propias de cine policial y actores con reconocimiento regional; el reto está en sostener continuidad industrial, distribución entre países y estrategias de promoción que no dependan de un solo estreno.

Para el fandom local, por su parte, 《The Roundup》 amplía la conversación sobre qué significa seguir la cultura coreana. Ya no se trata solo de identificar ídolos o aprender expresiones de una serie. Implica reconocer directores, actores de carácter, premios nacionales y convenciones de género. Ma Dong-seok sirve como puente gracias a su presencia en producciones coreanas y proyectos de alcance internacional, pero el interés puede extenderse hacia intérpretes como Son Suk-ku o Park Ji-hwan y hacia los equipos técnicos responsables de la acción, la fotografía y el montaje.

Los premios confirmaron que no fue únicamente un éxito popular

La recaudación y el volumen de entradas suelen provocar sospechas entre quienes separan el cine comercial del cine de calidad. En este caso, el recorrido por los premios coreanos mostró que la industria reconoció más de un componente. En el Festival de Cine Chunsa de 2022, Park Ji-hwan ganó como actor de reparto, Lee Sang-yong recibió el premio a director debutante y la película obtuvo el reconocimiento del público a la producción más popular.

La Asociación Coreana de Críticos de Cine distinguió a Son Suk-ku como actor revelación e incluyó el título entre sus diez películas seleccionadas del año. En los premios Blue Dragon, Lee Sang-yong recibió el reconocimiento relacionado con la película coreana más vista y el equipo encabezado por Heo Myeong-haeng fue premiado en el apartado técnico. Los Grand Bell Awards, uno de los galardones históricos de Corea, sumaron premios para la fotografía de Joo Sung-rim, el montaje de Kim Sun-min y la popularidad de Park Ji-hwan.

La variedad de categorías ayuda a comprender cómo se fabrica una película de acción eficaz. La fuerza de Ma Dong-seok sería insuficiente sin coreografías que permitan leer cada golpe; la amenaza del villano perdería intensidad sin montaje; y el cambio de país carecería de impacto sin una fotografía capaz de diferenciar espacios. El cine de acción puede parecer sencillo cuando funciona bien precisamente porque sus departamentos técnicos ocultan la complejidad del proceso.

Los premios tampoco convierten la obra en un drama solemne ni contradicen su vocación popular. Más bien reconocen que la precisión artesanal es una de las razones de su alcance. Corea del Sur ha desarrollado durante décadas una relación estrecha entre género, industria y ambición formal. Sus thrillers, películas de monstruos y relatos policiales suelen aspirar al gran público sin renunciar a una identidad visual. 《The Roundup》 se inserta en esa tradición desde una propuesta directa, cómica y físicamente contundente.

De película exitosa a infraestructura de franquicia

La consecuencia más importante del fenómeno no fue el récord aislado, sino la consolidación de una serie. Después de su recorrido en salas, la película llegó al mercado de video bajo demanda el 23 de julio de 2022. La tercera entrega se estrenó en Corea el 31 de mayo de 2023, mientras la producción de nuevos capítulos avanzaba con una lógica de continuidad poco frecuente en muchas cinematografías nacionales.

Ese paso transforma a Ma Seok-do de personaje exitoso en activo industrial. Una franquicia permite reutilizar conocimiento: el público entiende el tono, el equipo conoce las exigencias físicas y los productores pueden promocionar cada entrega a partir de una promesa reconocible. Pero la repetición también crea riesgos. Si el protagonista parece invulnerable, cada nueva película necesita encontrar formas de recuperar la tensión. Si el humor depende siempre de los mismos gestos, la familiaridad puede convertirse en rutina.

Lo que conviene observar en las siguientes entregas es cómo la saga administra tres elementos: la evolución del equipo, la calidad de los antagonistas y el uso de nuevos espacios. 《The Roundup》 funcionó porque cambió al director, reorganizó a los detectives y presentó un rival con suficiente presencia, sin alterar la identidad esencial de Ma Seok-do. Mantener ese equilibrio es más difícil a medida que aumenta el número de películas.

Para la industria coreana, la franquicia ofrece además una alternativa al modelo basado exclusivamente en estrenos independientes. Para los mercados hispanohablantes, representa una prueba sobre la circulación internacional de sagas que no nacen en Hollywood. El desafío de distribución es particular: el público necesita acceso ordenado a las entregas, títulos internacionales consistentes y campañas que expliquen la continuidad. Si una película aparece con nombres distintos según el país o la plataforma, la marca pierde fuerza.

Un retrato de hacia dónde se dirige el entretenimiento coreano

Vista con perspectiva, 《The Roundup》 importa menos por lo ocurrido en una fecha concreta que por la tendencia que hizo visible. La Ola Coreana ha pasado de exportar éxitos excepcionales a construir propiedades culturales sostenidas. La diferencia es fundamental. Un fenómeno aislado atrae atención durante unas semanas; una franquicia crea hábitos, estrellas, expectativas y cadenas de valor que pueden durar años.

La película consiguió esa transición mediante una fórmula aparentemente simple: conservar a Ma Dong-seok, elevar la amenaza, trasladar la acción al extranjero y renovar las relaciones del equipo. Su condición de vigésimo octavo título coreano con más de diez millones de espectadores confirmó que el público aceptó la propuesta. Los reconocimientos a la dirección, la interpretación, la fotografía, el montaje y la técnica demostraron que detrás del impacto había una maquinaria cinematográfica coordinada.

Para los lectores de España y América Latina, revisitarla permite entender una dimensión de Corea que a veces queda eclipsada por los ídolos musicales y los dramas televisivos. Este es el rostro de su cine comercial: héroes locales capaces de sostener una serie, códigos laborales que producen humor y conflicto, y una industria dispuesta a competir por públicos amplios. También invita a mantener una mirada crítica sobre la representación de otros países y sobre el modo en que la expansión internacional modifica las historias.

El próximo capítulo no depende únicamente de cuántos golpes pueda dar Ma Seok-do. Depende de si la franquicia continúa encontrando variaciones significativas, de cómo llega legalmente a nuevas audiencias y de si distribuidores y plataformas comprenden que el público hispanohablante no es un bloque uniforme. Quienes siguen el cine coreano desde Madrid, Ciudad de México, Buenos Aires, Bogotá, Santiago, Lima o San Juan comparten curiosidad, pero poseen hábitos y referencias diferentes. Atender esa diversidad será decisivo para que éxitos como 《The Roundup》 dejen de sentirse como noticias lejanas de la taquilla coreana y se conviertan en parte estable de la conversación cinematográfica en español.

Source: Original Korean article - Trendy News Korea

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