광고환영

광고문의환영

Busán quiere ser mucho más que playa: la ciudad surcoreana abre una vitrina global para la tecnología del olfato

Busán quiere ser mucho más que playa: la ciudad surcoreana abre una vitrina global para la tecnología del olfato

Una postal distinta de Busán: del turismo de playa a la ciencia de frontera

Para buena parte del público hispanohablante, Busán suele aparecer en el mapa mental como la ciudad del mar en Corea del Sur: playas amplias, rascacielos frente a la costa, mercados de pescado célebres y una atmósfera urbana más relajada que la de Seúl. Haeundae, en particular, es uno de esos nombres que muchos viajeros asocian de inmediato con verano, hoteles de lujo y festivales junto al océano. Sin embargo, la noticia que llega ahora desde esa misma zona obliga a ampliar la imagen. El 10 de julio abrió en el Grand Josun Hotel de Haeundae la primera edición del HIRC International Conference, un encuentro académico dedicado a las tecnologías capaces de detectar, analizar y utilizar olores, en torno a un campo todavía poco conocido para el gran público: el de las llamadas “pantallas olfativas” o dispositivos de despliegue sensorial del olor.

La información, reportada por la agencia surcoreana Yonhap, tiene un valor que va más allá del dato científico. Que investigadores de distintos países se reúnan en Busán para debatir una tecnología emergente no convierte por sí solo a la ciudad en un nuevo Silicon Valley asiático, ni permite anunciar de inmediato una revolución industrial. Pero sí deja una señal clara: Corea del Sur está intentando proyectar también desde sus ciudades regionales una imagen de innovación aplicada a la experiencia humana, no solo a la producción industrial o al entretenimiento digital. En tiempos en que el turismo compite por ofrecer vivencias cada vez más inmersivas, el hecho de que una ciudad costera como Busán aloje la que se presenta como la primera conferencia internacional del mundo centrada en este ámbito abre una conversación interesante sobre el futuro de los viajes, de la cultura sensorial y de la propia marca urbana coreana.

Para lectores de América Latina y España, quizá convenga hacer una comparación sencilla. Así como ciudades como Medellín, Barcelona o Guadalajara han buscado no ser leídas únicamente por sus postales más conocidas, sino también por sus ecosistemas de innovación, Busán parece moverse en una dirección similar dentro del contexto coreano. Sigue siendo mar, gastronomía y paisaje; pero quiere ser, además, un escenario donde se ensayan ideas nuevas. Y en este caso, la novedad pasa por algo tan elemental y tan esquivo como el olfato, ese sentido que casi nunca encabeza las narrativas tecnológicas, aunque sea uno de los más poderosos para fijar recuerdos.

Qué es el “olfactory display” y por qué importa fuera del laboratorio

El término puede sonar extraño en español y también en inglés. “Olfactory display”, traducido de manera aproximada como “pantalla olfativa” o “dispositivo de despliegue olfativo”, se refiere a tecnologías diseñadas para captar olores, analizarlos y reproducirlos o utilizarlos en diferentes entornos. Si las pantallas tradicionales apelan a la vista y los parlantes al oído, estas investigaciones buscan incorporar el olfato al universo digital e interactivo. No se trata simplemente de perfumes o ambientadores sofisticados, sino de una línea de trabajo que cruza ingeniería, robótica, ciencias sensoriales, inteligencia artificial, medicina y diseño de experiencias.

En otras palabras, la pregunta de fondo es cómo hacer que los entornos virtuales, los sistemas de diagnóstico o determinados espacios físicos incluyan una capa sensorial que hasta ahora ha quedado rezagada frente a la imagen y el sonido. Para un lector acostumbrado al lenguaje de la innovación, esto puede recordar a las promesas de la realidad virtual, las interfaces hápticas o la llamada computación ubicua. La diferencia es que aquí el protagonista no es el tacto ni la inmersión visual total, sino el olor: aquello que nos hace reconocer una panadería antes de verla, identificar la cercanía del mar o recordar la casa de la infancia con una intensidad imposible de explicar del todo.

Por eso el encuentro que comenzó en Haeundae no es una curiosidad menor. Aunque todavía falte mucho para que este tipo de tecnologías llegue de forma cotidiana a hoteles, museos, hospitales, plataformas de entretenimiento o espacios públicos, el solo hecho de que exista un congreso internacional especializado muestra que el área ha alcanzado una masa crítica suficiente como para organizar una conversación global. Y ahí aparece un matiz importante: no estamos ante una feria comercial ni ante el lanzamiento de un producto de consumo masivo, sino ante un espacio de intercambio académico. Eso le da a la noticia un tono más sobrio, menos sujeto al espectáculo de las promesas inmediatas y más cercano a los tiempos reales de la investigación.

En Corea del Sur, donde la innovación tecnológica suele asociarse a semiconductores, pantallas, telecomunicaciones o plataformas digitales, la apuesta por el olfato sugiere una diversificación de la agenda científica. Es, si se quiere, una forma de explorar la tecnología desde lo humano y lo cotidiano. Y para quienes observan la cultura coreana desde fuera, también es una oportunidad para entender que el país no se limita al K-pop, los dramas televisivos o los cosméticos de exportación. Hay una capa menos visible, pero igual de relevante, vinculada a universidades, centros de investigación y políticas públicas de ciencia que buscan instalar nuevas áreas de conocimiento.

Haeundae como símbolo: por qué el lugar también cuenta la historia

Que el congreso se celebre en Haeundae no es un detalle decorativo. En Corea del Sur, Haeundae funciona como una de las grandes vitrinas de Busán hacia el exterior. Es una zona asociada al turismo internacional, a los eventos de alto perfil y a una imagen de modernidad costera que contrasta con la densidad más institucional de Seúl. Quien haya visitado esa ciudad o seguido sus grandes citas culturales sabe que Haeundae no es solo una playa: es un distrito donde conviven hoteles de cadena, centros de reuniones, gastronomía, paseos urbanos y una infraestructura pensada para recibir visitantes de distintos perfiles.

Eso ayuda a explicar por qué una conferencia de nicho, dedicada a un campo altamente especializado, gana una dimensión urbana y hasta simbólica al instalarse allí. Los congresos académicos no ocurren en el vacío. Sus participantes no recuerdan únicamente las ponencias; recuerdan también la ciudad que los recibió, los trayectos entre el hotel y la sede, la comida compartida, la atmósfera del entorno. En una región del mundo donde cada vez más ciudades compiten por atraer congresos, festivales y reuniones profesionales, la capacidad de articular conocimiento, hospitalidad y movilidad urbana se ha vuelto parte del prestigio local.

Para América Latina esto no debería sonar ajeno. Basta pensar en cómo Cartagena, Ciudad de México, Buenos Aires o Santiago capitalizan grandes encuentros para reforzar su perfil internacional. No es solo un asunto de habitaciones ocupadas y restaurantes llenos, aunque eso importe. También se trata de reputación: de la idea de que en esa ciudad pasan cosas, se conectan sectores y se discuten temas que van más allá de la agenda doméstica. Busán parece querer consolidar justamente ese papel dentro de Corea del Sur: no ser vista solo como una ciudad portuaria o un destino vacacional, sino como una plataforma donde confluyen academia, industria, cultura y proyección global.

En ese sentido, la conferencia HIRC aporta una imagen muy precisa. Mientras muchas campañas turísticas se construyen con paisajes o slogans generales, aquí la ciudad adquiere relieve a través de un hecho concreto: durante cuatro días, del 10 al 13 de julio, Haeundae se convierte en punto de encuentro para especialistas de un área naciente de la tecnología sensorial. Esa combinación de mar, hotelería, infraestructura y debate científico resulta particularmente poderosa porque rompe con la idea simplista de la playa como espacio de ocio puro. Haeundae aparece, más bien, como un territorio híbrido: descanso y trabajo, ocio y conocimiento, marca turística e intercambio académico.

El papel de la Universidad Nacional de Busán y la alianza con el sector público

La institución organizadora, el Centro de Pantallas Olfativas Humanoides de la Universidad Nacional de Busán, merece atención especial. En Corea del Sur, las universidades no son únicamente espacios de formación profesional; en muchos casos funcionan como nodos de investigación conectados con el Estado y con la industria. Que una universidad regional esté detrás de un congreso presentado como pionero a escala internacional dice bastante sobre la descentralización relativa del conocimiento coreano. Aunque Seúl sigue siendo el gran centro político y económico del país, otras ciudades han desarrollado capacidades propias para impulsar agendas especializadas.

La Universidad Nacional de Busán, una de las instituciones públicas más reconocidas del país, ha construido desde hace años una posición relevante en investigación y cooperación internacional. En este caso, lo significativo no es solo que convoque a expertos, sino que lo haga desde un área todavía emergente. Eso habla de una voluntad de abrir conversación, de intentar marcar agenda en un terreno donde aún no existen demasiadas referencias consolidadas. Hay, desde luego, un componente de posicionamiento institucional, algo normal en el mundo académico global. Pero también hay una lectura territorial: Busán quiere ser vista como una ciudad capaz de producir conocimiento, no solo de albergarlo.

La presencia en la inauguración de representantes de la universidad, del Ministerio de Ciencia y TIC de Corea del Sur y del gobierno metropolitano de Busán refuerza esa idea. En el contexto coreano, este tipo de coincidencia entre academia, gobierno central y autoridades locales suele interpretarse como una señal de interés público, aunque no necesariamente implique anuncios inmediatos de inversión o políticas de gran escala. Conviene evitar las exageraciones: la noticia disponible no habla de un plan industrial masivo ni de una estrategia nacional formalizada alrededor de las pantallas olfativas. Pero sí deja ver que el tema no queda encerrado en una conversación puramente de laboratorio.

Para el lector hispanohablante, quizá la clave esté en observar cómo Corea del Sur administra sus símbolos de modernidad. No se limita a exponer grandes empresas tecnológicas, sino que también busca legitimar nuevos temas a través de la academia y de la cooperación institucional. En una época en que muchos países intentan convertir la innovación en relato nacional, este movimiento tiene valor político y cultural. Le dice al mundo que el país sigue explorando nuevas fronteras del conocimiento, incluso en áreas que todavía no son familiares para el mercado masivo.

Los 160 investigadores y el valor de un encuentro pequeño, pero estratégico

La cifra de asistentes puede parecer modesta si se compara con ferias multitudinarias o congresos de sectores más consolidados. Al acto de apertura acudieron alrededor de 160 investigadores y responsables vinculados al evento, entre participantes nacionales e internacionales. Pero en ciencia de frontera, el tamaño no siempre define la relevancia. A veces ocurre lo contrario: los encuentros más especializados son precisamente los que permiten diálogos más densos, colaboraciones de largo plazo y una comunidad internacional más cohesionada.

Un congreso así funciona, en muchos sentidos, como una primera piedra. Sirve para poner nombre a un campo, para establecer redes y para discutir metodologías, problemas técnicos y posibles aplicaciones. También opera como un termómetro: si hay investigadores que viajan para compartir resultados en torno al olfato como tecnología, eso significa que el área ya no está dispersa del todo. Ha empezado a reconocerse a sí misma como espacio de conocimiento con identidad propia. Y ese paso, aunque menos vistoso que un producto comercial o una gran inversión industrial, suele ser decisivo en la vida de las disciplinas emergentes.

Desde la perspectiva de ciudad, ese tipo de reunión genera además una clase distinta de visibilidad. No es la visibilidad del espectáculo, sino la de la credibilidad. Busán aparece ante especialistas como anfitriona de una conversación novedosa, capaz de reunir a actores que probablemente volverán a encontrarse en futuros proyectos, publicaciones o desarrollos tecnológicos. Esa clase de capital simbólico no se mide solo en impacto mediático inmediato. Se acumula con el tiempo, a medida que una ciudad gana reputación como lugar serio para discutir asuntos de vanguardia.

En términos culturales, hay algo más que vale la pena subrayar. El olfato es quizá el sentido menos prestigioso en las narrativas contemporáneas de progreso, dominadas por la pantalla, la imagen y la velocidad de la información. Que un grupo internacional de expertos se reúna en torno a él obliga a reconsiderar cómo entendemos la experiencia humana. En Asia oriental, donde el diseño de espacios, la hospitalidad y los rituales cotidianos suelen incorporar una sensibilidad muy marcada por el ambiente, no resulta del todo sorprendente que una discusión así encuentre eco. Pero tampoco se trata de un rasgo exclusivamente asiático. En América Latina sabemos bien hasta qué punto una ciudad se recuerda por sus olores: el café recién molido, la lluvia sobre el asfalto caliente, el mercado, el puerto, el pan del barrio. La tecnología del olfato, vista desde ahí, no suena lejana: conecta con memorias profundamente nuestras.

Turismo, memoria y experiencia: por qué esta noticia también habla de viajes

Aunque el evento sea esencialmente académico, la noticia tiene una lectura clara desde el turismo y la cultura urbana. Viajar nunca ha sido solo mirar. Los destinos se graban en la memoria por una suma de estímulos: la textura del aire, la humedad, el ruido de fondo, la comida y, por supuesto, los olores. Muchos recuerdos de viaje sobreviven más por una sensación que por una fotografía. El aroma salino cerca del puerto, la madera húmeda de un templo, el vapor de una cocina callejera: todo eso forma parte de la experiencia, aunque rara vez figure en los catálogos promocionales.

Desde esa perspectiva, que Busán aloje una conferencia internacional dedicada a pensar tecnológicamente el olor resulta especialmente sugerente. No porque mañana vaya a ofrecer rutas turísticas olfativas ni porque ya exista una industria madura esperando en la esquina, sino porque instala una idea de futuro: la experiencia urbana y turística podría diseñarse de manera mucho más sensorial de lo que conocemos hoy. Museos inmersivos, espacios de memoria, entrenamiento médico, simuladores, bienestar, hospitalidad, entretenimiento e incluso accesibilidad podrían verse atravesados por estas investigaciones.

Para un público acostumbrado a la expansión global de la cultura coreana, este matiz es importante. La llamada “Ola Coreana”, o Hallyu, no se limita a las series, la música y la moda. También incluye una creciente curiosidad por cómo Corea del Sur imagina la vida cotidiana del futuro. En ese relato, Busán juega un papel singular. Frente a la intensidad metropolitana de Seúl, ofrece una versión más abierta, marítima y experimental del país. Por eso noticias como esta ayudan a complejizar la imagen de Corea: no solo exporta contenidos culturales, también organiza espacios donde se piensa la siguiente capa de la experiencia humana.

Hay además un detalle que no conviene pasar por alto. Las ciudades se promocionan mejor cuando no parecen estar promocionándose. Una noticia sobre ciencia puede tener más fuerza para la construcción de imagen que una campaña institucional, precisamente porque transmite autenticidad. Decir que en Haeundae se celebra el primer congreso internacional centrado en pantallas olfativas no suena a eslogan turístico, pero termina funcionando como una poderosa descripción de época: en esa ciudad, hoy, convergen playa, infraestructura global y debate sobre tecnología sensorial. Es una fotografía más compleja y, por lo mismo, más persuasiva.

Lo que realmente se sabe y lo que esta apertura permite imaginar

En un momento saturado de exageraciones tecnológicas, conviene separar con cuidado los hechos de las interpretaciones. Lo que se sabe, según la información difundida por Yonhap, es concreto: el Centro de Pantallas Olfativas Humanoides de la Universidad Nacional de Busán organiza del 10 al 13 de julio la primera edición del HIRC International Conference en el Grand Josun Hotel de Haeundae; el evento se presenta como la primera conferencia internacional del mundo dedicada a este campo; y en su apertura participaron unas 160 personas, entre investigadores nacionales e internacionales y representantes de la universidad, del Ministerio de Ciencia y TIC y de la ciudad de Busán.

Más allá de eso, las conclusiones deben formularse con prudencia. No hay en la información disponible anuncios de productos comerciales, paquetes turísticos temáticos ni una política industrial cerrada alrededor de esta disciplina. Tampoco corresponde vender la idea de una transformación instantánea. Lo que sí puede afirmarse es que Busán ha ofrecido el escenario para un momento fundacional en un área científica emergente. Y esa condición, aun modesta en apariencia, tiene peso. Porque en el ecosistema del conocimiento global, ser sede del primer capítulo cuenta. Marca una posición inicial, atrae atención y deja abierta la posibilidad de continuidad.

La importancia de la noticia reside, precisamente, en esa suma de sobriedad y proyección. Sobriedad, porque los hechos son específicos y limitados: un congreso académico de nicho, con participantes especializados, en una ciudad con experiencia para albergar encuentros internacionales. Proyección, porque el tema que se discute toca preguntas enormes sobre memoria, inmersión, salud, diseño y cultura. Si las tecnologías del olfato terminan ocupando un lugar relevante en los próximos años, este tipo de encuentros será recordado como parte de su etapa de articulación temprana.

Para los lectores de América Latina y España, quizá la lección más interesante sea otra. Corea del Sur sigue sorprendiéndose a sí misma y al mundo no solo por la velocidad de sus industrias culturales o por la visibilidad de sus gigantes tecnológicos, sino por su capacidad de convertir ciudades concretas en laboratorios de prestigio internacional. Hoy esa ciudad es Busán, y el tema no es un nuevo grupo de K-pop ni una superproducción televisiva, sino el olfato, el sentido más difícil de capturar y, al mismo tiempo, uno de los más íntimos. En tiempos en que tantas urbes buscan diferenciarse, Busán encuentra una forma elegante de decir que no quiere ser recordada únicamente por el paisaje. También quiere ser recordada por las conversaciones que es capaz de convocar.

Source: Original Korean article - Trendy News Korea

Publicar un comentario

0 Comentarios