
Del evento aislado a la programación regular: un giro en el negocio del K-pop
La alianza anunciada entre Samsung TV Plus y SM Entertainment no es una noticia más dentro del abundante flujo de lanzamientos, comebacks y giras que suele marcar la conversación sobre la Ola Coreana. Lo verdaderamente relevante aquí no es solo que una gran tecnológica surcoreana y una de las agencias más influyentes del K-pop trabajen juntas, sino el formato que han elegido para hacerlo: una programación periódica de conciertos bajo el nombre de “Monthly SM Concert”, o “Concierto Mensual de SM”. En términos simples, no se trata de subir un show a una plataforma y esperar reproducciones, sino de programarlo como si fuera una cita fija en la parrilla de un canal.
Según la información difundida en Corea del Sur, Samsung Electronics pondrá en marcha este proyecto a través de Samsung TV Plus, su servicio gratuito de streaming con publicidad, en colaboración con SM Entertainment. Los conciertos se emitirán en exclusiva todos los sábados a las 7 de la tarde por STN, sigla de Samsung TV Network, y por el canal SMTOWN. A primera vista puede parecer solo una decisión de calendario, pero detrás hay una señal mucho más profunda: el K-pop ya no quiere vivir únicamente en el terreno del videoclip, el fragmento viral o la transmisión especial de una sola noche. Ahora también apuesta por construir hábitos de consumo, como lo hacía la televisión tradicional.
Para el lector hispanohablante, esta movida puede entenderse con una comparación cercana: así como durante años hubo públicos que sabían que tal telenovela se veía a cierta hora o que el partido importante se seguía religiosamente cada domingo, el K-pop empieza a buscar ese mismo tipo de rutina audiovisual en el ecosistema digital. La diferencia es que esta vez la cita no ocurre en la TV abierta de siempre, sino en una plataforma FAST, un modelo que combina la lógica del streaming con la programación lineal y la financiación vía publicidad.
Ese matiz es clave porque revela que la industria coreana del entretenimiento ya no solo compite por lanzar el próximo éxito musical, sino por ocupar tiempo de pantalla de manera sostenida. Y en un mercado saturado de plataformas, donde el usuario puede saltar de un video de 20 segundos a una serie o a un directo en cuestión de minutos, generar hábito vale tanto como generar expectativa.
Qué es FAST y por qué Samsung apuesta por este modelo para los conciertos
Uno de los elementos centrales de esta noticia es el uso del modelo FAST, sigla en inglés de Free Ad-Supported Streaming Television. En otras palabras, televisión por streaming gratuita sostenida por anuncios. El usuario no paga suscripción, pero ve publicidad a cambio de acceder al contenido. Aunque en América Latina y España todavía se asocia el streaming sobre todo con plataformas de pago, el FAST viene ganando terreno porque recupera algo familiar: encender, elegir un canal y dejarse llevar por una programación ya organizada.
Samsung TV Plus lleva tiempo moviéndose en ese terreno, aprovechando además una ventaja de origen: está integrada en el ecosistema de sus televisores inteligentes. Eso significa que no necesita convencer al usuario de descargar una nueva aplicación desde cero con la misma intensidad que una plataforma independiente. Está ahí, dentro del aparato, disponible con relativa facilidad. Y ese detalle, que parece puramente técnico, es fundamental para entender la jugada. Si la música coreana quiere dejar de ser una experiencia reservada a fans muy militantes y expandirse hacia públicos más amplios, necesita entrar en los circuitos de consumo cotidiano, no solo en las comunidades que la buscan activamente.
En ese punto, el concierto grabado adquiere otro valor. Tradicionalmente, dentro del K-pop el concierto ha sido uno de los productos más codiciados y más vinculados a la fidelidad del fandom: entradas, mercancía oficial, paquetes especiales, transmisiones de pago y contenido exclusivo. Lo que hace ahora Samsung TV Plus, de la mano de SM, es sacar parte de esa experiencia del espacio premium y llevarla a un esquema más masivo. No significa que desaparezca la lógica del fan, que sigue siendo la columna vertebral de este negocio, sino que se abre una ventana de acceso más amplia para espectadores casuales o potenciales nuevos seguidores.
Para decirlo en términos de industria cultural, el recital deja de ser únicamente una recompensa para quien ya está dentro del ecosistema y empieza a funcionar también como puerta de entrada. Es una apuesta interesante, porque en el mundo hispano la música en vivo televisada siempre ha tenido una capacidad especial para crear conexión emocional. Basta pensar en festivales retransmitidos, especiales de fin de año o conciertos emblemáticos que se recuerdan durante décadas. Samsung y SM parecen haber entendido que el K-pop también puede crecer no solo por la canción pegadiza, sino por el espectáculo completo.
Además, el soporte publicitario introduce una dimensión comercial distinta. Si el contenido logra atraer no solo a fans duros sino a públicos más amplios, aumenta su atractivo para marcas interesadas en asociarse con una audiencia joven, conectada y global. Así, el concierto grabado deja de ser un simple archivo de lo ocurrido en el escenario para convertirse en una pieza estratégica dentro de la economía de la atención.
La importancia de que sea “mensual”: una lógica de serie, no de excepción
En el anuncio hay una palabra que quizá pase desapercibida para el gran público, pero que en realidad concentra buena parte del significado industrial de esta iniciativa: “mensual”. Samsung TV Plus ya había colaborado con SM el año pasado cuando transmitió en exclusiva el SMTown Live 2025 in L.A.. Aquello podía leerse como un evento importante, sí, pero aún puntual. Lo nuevo ahora es que esa relación se amplía hacia una estructura de continuidad: cada mes habrá una nueva propuesta de concierto centrada en artistas de SM.
Ese cambio del evento único a la serie periódica es significativo. En la economía actual del entretenimiento, la repetición organizada vale oro. Un estreno espectacular genera conversación durante unos días; una programación regular, en cambio, construye expectativa, costumbre y retorno. En otras palabras, invita al espectador a volver. Para una plataforma, eso implica retención. Para una agencia, implica convertir el catálogo de conciertos en una marca con identidad propia.
El nombre “Concierto Mensual de SM” ya sugiere esa intención. No se promociona solo un show concreto, sino una franquicia de contenidos. Cada nueva entrega puede funcionar como episodio de una experiencia mayor, con la ventaja de que el sello SM aporta un universo reconocible para los seguidores del K-pop. Estamos hablando de una empresa que ha sido pieza central en la historia del pop coreano moderno, responsable de generaciones de artistas que han marcado distintas etapas del género. Por eso, cuando SM convierte sus conciertos en producto serializado para una plataforma, no está improvisando: está reordenando activos culturales de alto valor.
En la práctica, esta lógica tiene consecuencias muy concretas. El fan sabe que habrá una cita futura; el usuario ocasional entiende que no se trata de un contenido perdido en el catálogo, sino de una emisión con fecha y hora; y la plataforma puede construir promoción alrededor de cada entrega con la narrativa del “próximo gran sábado”. Es una estrategia que mezcla lo mejor de dos mundos: la urgencia de la transmisión televisiva y la flexibilidad del entorno digital.
También hay un aspecto simbólico de fondo. Durante años, muchas compañías del entretenimiento vendieron el streaming como el fin de la programación lineal. Sin embargo, el éxito de ciertos formatos demuestra que el público no siempre quiere elegir entre infinitas opciones. A veces también quiere que alguien organice la experiencia. En el caso del K-pop, donde el volumen de contenido puede ser abrumador entre videos, fancams, reality shows, desafíos virales y redes sociales, una programación curada puede resultar incluso liberadora. Samsung y SM están leyendo esa necesidad.
NCT Wish abre la apuesta: fandom, continuidad y nuevos espectadores
El primer título de este proyecto será el concierto NCT Wish First Concert Tour Into the Wish: Our Wish Encore in Seoul, que se ofrecerá el día 30. La elección no parece casual. NCT Wish representa una de las apuestas más recientes dentro del ecosistema de SM, y utilizar su show de encore en Seúl como punto de partida permite leer varias capas de estrategia a la vez.
Primero, está la idea del encore, un concepto muy conocido en la industria del espectáculo pero que en el K-pop suele adquirir un peso emocional especial. El encore no es simplemente “otro concierto”, sino la prolongación de un recorrido ya validado por el público. Es, en cierto modo, la confirmación de que hubo demanda suficiente para extender la experiencia. Al llevar esa presentación a una plataforma gratuita, se reutiliza la energía acumulada en el recinto y se la transforma en un activo audiovisual con nueva vida comercial y simbólica.
Segundo, está la referencia a Seúl. Para muchos fans internacionales, la capital surcoreana sigue funcionando como centro de legitimidad dentro del K-pop: allí ocurren los grandes estrenos, las presentaciones más comentadas y los momentos que luego se exportan al resto del mundo. Mostrar un encore en Seúl permite conectar al espectador extranjero con ese núcleo de autenticidad y actualidad que tanto pesa en la construcción del deseo fan.
Tercero, la elección de NCT Wish habla del interés de combinar consolidación y expansión. No se trata únicamente de ofrecer un concierto para quienes ya conocen de memoria a los integrantes, sino de colocar a un grupo en crecimiento frente a una audiencia potencialmente más amplia. En términos de negocio, es una decisión inteligente: el contenido sirve al mismo tiempo para fidelizar al fandom existente y para presentar a los artistas a quienes quizá solo han oído hablar del fenómeno NCT de manera general.
Ese doble movimiento es central en el K-pop contemporáneo. Ya no basta con vender álbumes o llenar recintos; también hay que sostener un relato transmedia donde cada pieza empuje a la siguiente. El concierto presencial genera emoción; la grabación del concierto amplía la audiencia; la audiencia ampliada puede convertirse en escucha en plataformas musicales, compra de mercancía o interés por futuros eventos. Todo queda conectado.
Desde la perspectiva del público latinoamericano y español, donde muchas veces el acceso físico a ciertas giras sigue siendo limitado o desigual, este tipo de emisiones también cumple una función importante: democratiza, al menos en parte, el acceso al espectáculo. No reemplaza la experiencia de estar en la arena ni el valor del directo, pero ofrece una forma de participación para quienes habitualmente viven el K-pop desde la distancia geográfica.
Los cinco países elegidos y el lugar de México y Brasil en la geografía del K-pop
Samsung TV Plus informó que estos contenidos podrán verse en cinco países: Corea del Sur, Australia, Nueva Zelanda, Brasil y México. La selección merece atención, no solo por quiénes están, sino por lo que representa esa combinación. No es una lista montada únicamente desde la proximidad regional de Asia, sino una muestra de cómo la distribución del K-pop se piensa hoy como una red multinodal donde Oceanía y América Latina ocupan un lugar estratégico.
Para los lectores de nuestra región, hay dos nombres que destacan de inmediato: México y Brasil. No es ninguna sorpresa para quien siga desde hace tiempo la expansión del Hallyu, término con el que se conoce globalmente a la Ola Coreana, es decir, la difusión internacional de la cultura popular surcoreana. Ambos países se han consolidado como plazas fundamentales para conciertos, consumo digital, comunidades fan y conversación en redes. Lo importante aquí es que esa relevancia ya no se mide solo en ventas de entradas o tendencias de Twitter, sino también en integración dentro de infraestructuras de distribución oficialmente diseñadas para estrenos simultáneos.
Que un contenido de este tipo llegue a México y Brasil a través de una plataforma preinstalada o fácilmente accesible implica algo más profundo que una simple expansión territorial. Significa que Corea del Sur entiende que su música puede formar parte del consumo cotidiano en hogares latinoamericanos, no únicamente del circuito fan especializado. En el caso mexicano, además, existe una larga tradición de apropiación intensa de fenómenos musicales globales, desde el pop anglo hasta las telenovelas extranjeras y, más recientemente, el pop coreano. Brasil, por su tamaño de mercado y energía digital, se ha vuelto igualmente imprescindible.
España no figura por ahora en la primera lista de países anunciados, pero la lógica de esta alianza permite pensar en una expansión futura si el modelo funciona. Y eso abre una pregunta interesante para la industria audiovisual iberoamericana: ¿hasta qué punto la televisión conectada y gratuita puede convertirse en una nueva vía de entrada para contenidos asiáticos que antes circulaban casi exclusivamente por plataformas de pago o nichos muy concretos?
También hay una dimensión tecnológica detrás de esta elección. El K-pop global ya no depende únicamente de intermediarios clásicos como cadenas de televisión, distribuidoras musicales o promotores de conciertos. Ahora puede viajar apoyado en ecosistemas de dispositivos, interfaces de usuario y servicios integrados. La batalla por la audiencia se libra tanto en el escenario como en la pantalla de inicio del televisor.
Cuando una empresa tecnológica y una agencia musical diseñan juntas la experiencia
Otro punto decisivo de esta noticia está en la naturaleza de los actores implicados. Samsung no es una plataforma nacida exclusivamente del negocio del contenido, sino una de las mayores empresas tecnológicas del mundo, con una presencia histórica en el mercado de pantallas y dispositivos. SM Entertainment, por su parte, no es solo una discográfica o una oficina de representación artística, sino una maquinaria de producción cultural con experiencia en construir universos narrativos, marcas globales y comunidades fan altamente activas.
Cuando ambas compañías se asocian para lanzar una franja periódica de conciertos, lo que aparece no es una colaboración promocional superficial, sino una integración más estrecha entre tecnología, distribución y propiedad intelectual. Samsung aporta el entorno de visionado, la escala del dispositivo y la lógica de acceso. SM aporta el contenido, el prestigio de catálogo y la capacidad de movilizar fandoms. Juntas ensayan una forma de consumo donde el concierto deja de ser un producto complementario para pasar al centro de la estrategia de pantalla.
Desde Samsung, el responsable del grupo TV Plus, Choi Jun-heon, subrayó la intención de ampliar contenidos de entretenimiento diferenciados a partir de la capacidad tecnológica y de conexión de la plataforma. Esa referencia a la “experiencia de conexión” no es un detalle menor. En la industria actual, tan importante como tener el contenido es decidir cómo aparece, cómo se recomienda, en qué horario se resalta y con qué frecuencia se convierte en hábito. La batalla por el entretenimiento no es solo por poseer un título, sino por diseñar el contexto de consumo.
Y ahí entra otra discusión relevante: el valor persistente del televisor grande en plena era del móvil. Aunque el K-pop ha crecido enormemente gracias al consumo fragmentado en smartphone —clips cortos, bailes virales, fancams, contenidos para redes—, el concierto sigue siendo una experiencia que pide escala, sonido y atención más concentrada. Samsung parece apostar a que el living o la sala de estar todavía pueden ser escenarios importantes para el espectáculo musical. No es una idea descabellada. En muchos hogares hispanohablantes, los grandes eventos siguen viéndose en la pantalla principal de la casa, incluso cuando el descubrimiento inicial ocurrió en el celular.
En ese sentido, la noticia también puede leerse como una reivindicación del televisor conectado como centro cultural doméstico. Y el K-pop, con su despliegue visual, coreografías milimétricas y producción escénica, encaja especialmente bien en esa ambición.
Por qué esta noticia importa más allá de los fans de SM
La razón por la que este anuncio merece atención incluso fuera de los círculos más fieles del K-pop es sencilla: muestra hacia dónde se mueve la industria del entretenimiento coreano. Durante años, el crecimiento del género se contó a través de métricas conocidas y fácilmente exportables a la prensa internacional: listas de éxitos, récords en YouTube, giras mundiales, colaboraciones globales. Todo eso sigue importando, pero ya no alcanza para explicar la fase actual.
Lo que estamos viendo ahora es una pelea por la continuidad del consumo. La pregunta ya no es solo qué artista genera conversación, sino cómo lograr que el espectador regrese semana tras semana dentro de un mismo ecosistema. Ahí entran en juego la programación fija, la exclusividad por plataforma, la gratuidad con anuncios y la circulación simultánea en varios países. Son mecanismos menos llamativos que un gran titular sobre ventas récord, pero quizá más decisivos a largo plazo.
Para el público hispanohablante, acostumbrado a ver cómo las industrias culturales se reinventan entre la televisión tradicional, las plataformas y las redes sociales, este movimiento surcoreano resulta especialmente ilustrativo. Samsung y SM no están eligiendo entre tele y streaming: están mezclando ambas lógicas. Tampoco están decidiendo entre nicho y masividad: están intentando que el contenido premium del fandom funcione también como producto de alcance general.
Si el modelo prospera, es posible que otras agencias y plataformas imiten la fórmula. Y eso podría modificar la circulación internacional de la música asiática en los próximos años, ampliando el acceso a conciertos y reforzando la idea de que el K-pop no solo se escucha o se comenta: también se programa, se espera y se consume como una experiencia audiovisual recurrente.
En una región donde el vínculo con la cultura coreana sigue creciendo —desde los dramas y la gastronomía hasta la cosmética y la música—, conviene mirar este tipo de noticias con atención. Porque detrás del brillo del espectáculo, lo que se está reordenando es el mapa mismo de la distribución cultural global. Y en ese mapa, América Latina ya no aparece como observadora tardía, sino como parte activa del tablero.
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