
La era de la IA cambia de escenario: del poder de los chips al poder de la energía
Durante los últimos años, la conversación global sobre inteligencia artificial estuvo dominada por una palabra clave: chips. Empresas como Nvidia, Samsung Electronics y SK hynix se convirtieron en protagonistas de una carrera tecnológica en la que la capacidad de procesamiento y las memorias avanzadas parecían definir quién lideraría la próxima generación digital.
Sin embargo, un nuevo debate comienza a ganar fuerza en Corea del Sur, uno de los países que mejor conoce la industria de los semiconductores. La pregunta ya no es solamente cuántos chips de inteligencia artificial pueden fabricarse, sino si existe suficiente infraestructura eléctrica para hacer funcionar los enormes centros de datos donde esos chips trabajan.
Un reciente análisis difundido por el medio financiero coreano Money Lab, perteneciente a JoongAng Ilbo, señala que el siguiente gran obstáculo de la industria de la IA podría encontrarse en la energía. Según expertos citados en el informe, si los centros de datos no pueden operar de forma estable, incluso los contratos de suministro de semiconductores a largo plazo podrían verse afectados.
Para los lectores de América Latina y España, la situación puede parecer lejana, pero refleja un desafío que probablemente llegará a todos los mercados. Cada vez que una persona utiliza un asistente de inteligencia artificial, genera una imagen con IA o emplea servicios empresariales automatizados, detrás existe una infraestructura física que consume enormes cantidades de electricidad.
Del fenómeno “Samjeonix” al nuevo mapa de oportunidades tecnológicas
En Corea del Sur existe una expresión muy utilizada entre inversores: “Samjeonix”. El término combina los nombres de Samsung Electronics y SK hynix, las dos grandes compañías surcoreanas que representan la fortaleza del país en semiconductores. La palabra refleja la expectativa de que ambas empresas sigan beneficiándose del crecimiento de la inteligencia artificial gracias al aumento de la demanda de memorias avanzadas.
Especialmente importante ha sido el crecimiento de las memorias de alto ancho de banda, conocidas como HBM por sus siglas en inglés. Este tipo de memoria resulta fundamental para los sistemas de IA más avanzados porque permite procesar grandes volúmenes de datos a velocidades superiores.
Pero los analistas coreanos advierten que la historia de la inteligencia artificial no termina en los componentes electrónicos. Nam Yong-soo, responsable de ETF en Korea Investment Trust Management, explicó que las mayores oportunidades económicas suelen aparecer alrededor del elemento que se convierte en el principal límite de crecimiento.
Según esta visión, la cadena de valor de la IA ha pasado por diferentes etapas de escasez. Primero fueron las unidades de procesamiento gráfico (GPU) utilizadas para entrenar modelos de inteligencia artificial. Después llegaron las memorias HBM, los procesadores centrales, las redes ópticas y las memorias DRAM tradicionales. Ahora, el siguiente punto crítico podría ser la electricidad.
Este cambio de enfoque no significa que los fabricantes de chips hayan perdido importancia. Al contrario, cuanto mayor sea la demanda de semiconductores avanzados, más presión existirá sobre las redes eléctricas, los transformadores, los sistemas de distribución y la infraestructura necesaria para mantener operativos los centros de datos.
Los centros de datos de IA se convierten en grandes consumidores de electricidad
La inteligencia artificial moderna requiere una capacidad energética muy superior a la de los servicios digitales tradicionales. Un centro de datos diseñado para ejecutar modelos avanzados de IA puede consumir cantidades de electricidad comparables a las de pequeñas ciudades, especialmente cuando opera de manera continua.
El crecimiento de los llamados “AI servers” está modificando la arquitectura energética de estos complejos tecnológicos. Cada nueva generación de aceleradores de inteligencia artificial aumenta la potencia necesaria por servidor y por grupo de servidores, conocidos en la industria como racks.
Expertos citados por el informe coreano señalan que los sistemas tradicionales de distribución eléctrica dentro de los centros de datos comienzan a enfrentar límites técnicos. En particular, se menciona la presión sobre los sistemas basados en corriente alterna de alrededor de 400 voltios, utilizados ampliamente en instalaciones existentes.
La situación tiene implicaciones globales. Países de América Latina que buscan atraer inversiones tecnológicas mediante nuevos centros de datos deberán considerar no solamente la disponibilidad de terrenos o conexiones internacionales de internet, sino también la capacidad de sus redes eléctricas.
España, México, Brasil, Chile y otros mercados latinoamericanos han mostrado interés en convertirse en polos digitales regionales. Pero la expansión de la IA podría exigir una planificación energética más profunda, incluyendo nuevas líneas de transmisión, fuentes renovables y acuerdos de suministro eléctrico a largo plazo.
La electricidad entra en la misma conversación que los semiconductores
Uno de los puntos más relevantes del análisis coreano es la conexión entre los contratos de suministro de chips y los contratos eléctricos. Durante años, la industria tecnológica se concentró en asegurar suficientes procesadores y memorias para satisfacer la demanda creciente.
Ahora las grandes empresas tecnológicas parecen estar pensando en una escala temporal mucho mayor. Nam Yong-soo destacó que varias compañías globales ya están firmando contratos de compra de electricidad de hasta 20 años para garantizar el funcionamiento de sus infraestructuras.
Estos acuerdos, conocidos como contratos de compra de energía o PPA por sus siglas en inglés, permiten a grandes consumidores asegurar un suministro estable y, en muchos casos, avanzar hacia objetivos de energía renovable.
La lógica es sencilla: un centro de datos puede tener los mejores chips disponibles, pero si no cuenta con electricidad suficiente no puede ofrecer servicios de IA a millones de usuarios. De la misma forma, tener energía sin disponer de semiconductores avanzados tampoco permite aprovechar plenamente la infraestructura.
La inteligencia artificial se está convirtiendo así en una industria donde la electrónica y la energía están cada vez más conectadas. La competencia tecnológica ya no depende únicamente del diseño de algoritmos o de la fabricación de componentes, sino también de la capacidad de construir y operar una base física gigantesca.
Empresas de infraestructura eléctrica surcoreanas ganan protagonismo
El nuevo escenario está colocando bajo los reflectores a compañías que tradicionalmente no estaban asociadas directamente con la revolución digital. En Corea del Sur, algunos analistas han comenzado a destacar a empresas como Hyosung Heavy Industries, HD Hyundai Electric y LS Electric como posibles beneficiarias del crecimiento de la demanda energética vinculada a la IA.
Estas compañías forman parte de la industria de equipos eléctricos, incluyendo transformadores, sistemas de distribución y soluciones para redes de energía. Para el público internacional, representan una cara menos conocida del ecosistema tecnológico coreano, que durante décadas fue identificado principalmente con teléfonos inteligentes, pantallas y semiconductores.
El fenómeno también tiene una dimensión global. Empresas internacionales como GE Vernova y Vertiv Holdings aparecen mencionadas como actores relevantes en la infraestructura necesaria para alimentar y refrigerar centros de datos.
La razón es que la expansión de la IA no será un fenómeno limitado a un solo país. Los centros de datos, los fabricantes de equipos eléctricos y los proveedores tecnológicos forman una cadena internacional en la que participan múltiples regiones.
Los fondos cotizados o ETF también están ganando atención como una vía para que los inversores participen en esta tendencia. En Corea se han presentado productos financieros enfocados en empresas relacionadas con la infraestructura eléctrica para inteligencia artificial, reflejando un creciente interés por invertir no solo en fabricantes de chips, sino en todo el ecosistema que permite su funcionamiento.
Una nueva mirada sobre el liderazgo tecnológico de Corea del Sur
Corea del Sur ha construido durante décadas una reputación como potencia manufacturera. Empresas como Samsung y SK hynix ayudaron a convertir al país en uno de los líderes mundiales de semiconductores, mientras que su industria electrónica conquistó mercados internacionales.
Pero la revolución de la inteligencia artificial está ampliando la definición de competitividad tecnológica. El liderazgo futuro dependerá no solo de quién fabrique los mejores chips, sino también de quién pueda garantizar la infraestructura necesaria para utilizarlos.
Esta transformación ofrece una lección importante para otros países. La inteligencia artificial suele presentarse como una tecnología invisible basada en software, datos y algoritmos. Sin embargo, detrás de cada modelo avanzado existen fábricas, redes eléctricas, sistemas de refrigeración, centros de datos y cadenas globales de suministro.
El caso surcoreano muestra cómo la próxima fase de la carrera de la IA podría estar menos relacionada con una batalla exclusiva entre gigantes tecnológicos y más vinculada a una competencia por recursos físicos estratégicos.
Para América Latina y España, el mensaje es claro: construir una economía preparada para la inteligencia artificial requerirá mucho más que talento digital. Será necesario desarrollar energía confiable, infraestructura moderna y políticas capaces de acompañar una demanda tecnológica que crecerá durante las próximas décadas.
La próxima gran limitación de la inteligencia artificial podría no estar dentro de un chip, sino fuera de él: en la red eléctrica que permite que ese chip cobre vida.
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